SANTACALUYA

2011, Octubre 3 | Club Atlético Boca Juniors – Brandsen 805 – CABA

Cuatro artistas de distintas disciplinas se reúnen bajo el nombre de “Santacaluya” y trabajan en conjunto. Presentan su obra que consiste de pinturas, fotografías y relieves. La exposición se realiza en el Club Atlético Boca Juniors.

SANTACALUYA

ARTE Y RIZOMA, LA POÉTICA DE SANTACALUYA por Miguel Ángel Rodriguez

El trabajo artístico colectivo remite a vivencias grupales cuyo origen se pierde en el tiempo. En su raíz milenaria encontramos la magia y el misterio, vale decir la búsqueda de sintonías con la inmensidad. Cuando los artistas colaboran intensamente se ponen en movimiento otras convicciones y energías; las expectativas personales se integran a las del grupo y lo sinérgico pasa a marcar ritmos y creatividades que poco o nada tienen que ver con el individualismo. Desde hace décadas, quienes estudian los procesos inherentes a la investigación, el pensamiento y la creatividad, insisten en la metáfora del rizoma. Sugieren que las grandes imágenes que las personas poseen sobre el universo comparten características con los tallos horizontales y subterráneos del lirio o el jengibre: crecen y se extienden como ondulaciones en el agua, buscando los bordes antes que las profundidades. Esta cualidad interesa a los estudiosos, pues fomenta una imagen poderosa e incompatible con aquellas otras visiones, cercanas a compartimientos estancos, que abonaran algunas filosofías del siglo XIX. Los rizomas adhieren al propósito de allanar el proceso creativo, rescatando los aspectos comunitarios. Esto implica olvidar los modelos jerárquicos, así como los prejuicios que afincan la idea de una sola verdad, a la postre en manos de pocos iluminados. También los grupos de artistas que promueven la labor colectiva actúan a la manera de los rizomas. Las barreras personales se disuelven o son dejadas de lado y las actitudes mancomunadas son favorecidas. Así lo demuestra la actividad de Santacaluya, que compuesto por Marcela Santanton, Casiano León, Luisa Marcosian y Jayme Ferreira Da Costa, amalgama el oficio con la plasticidad y la actitud con el riesgo. Provenientes de la pintura, la fotografía y la escultura, entre otras disciplinas, los cuatro funden la lírica personal en un cosmos abierto, tan dado a la subjetividad emocional como a la objetiva constancia, comprobable tanto en la factura como en el sentido de los trabajos. Las atmósferas nebulares, quizá inclementes (Santanton), las imágenes caracterizadas por la musicalidad de la curva (León), los paisajes y las escenas dotados de gestualidad (Marcosian) y las maderas y metales que interpelan a bestias y personajes tan enigmáticos como definidos (Jayme), se ensamblan en obras sólidas y contundentes. Son piezas que rescatan poéticas ya profesadas por brujos y chamanes que no desvinculaban el misterio del ritual, ni el éxtasis de la vivencia comunitaria. Adentrarse en el misterio de lo que existe implicaba la necesidad del ritual, y el ritual no era efectivo sin la participación del grupo. Luego sobrevenía el éxtasis, o la comunión con lo sagrado. Hoy Santacaluya revive la producción colectiva. El arte así vivido desentraña las cuestiones que nos desvelan desde antaño, como la vida, el amor o la muerte. Lo arcano se vuelve comprensible y es posible girar en torno a él. El giro es grupal, sin apropiaciones ni egoísmos. Como si el arte fuera un rizoma que en la profundidad de la tierra desviste nuestras bellezas (y nuestros horrores).






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